martes, 18 de diciembre de 2007

Lo sobrevivido (Esbozo psicológico)


Era año nuevo. Yo salí al recibidor.
Ahí, además del portero, estaban unos cuantos nuestros: Iván Ivánich, Piótr Kuzmích, Yegór Sídorich... Todos habían venido a firmar la hoja, que yacía majestuosamente sobre la mesa. (El papel, por lo demás, era del barato, Nº 8).
Yo eché una mirada a la lista. Firmas habían muchas y... ¡oh hipocresía! ¡Oh dobleza! ¿Dónde están rúbricas, letras, ganchitos, colitas? Todas las letras redondas, parejas, planitas, como mejillas rosadas. Veo nombres conocidos, pero no los reconozco. ¿No cambiaron acaso estos señores sus letras?
Yo, con cuidado, mojé la pluma en el tintero, ignoro en aras de qué me confundí, contuve la respiración y, con cuidado, tracé mi apellido. Comúnmente, nunca empleaba en mi firma la última “erre”, pero ahora la empleé: la empecé y la terminé.
-¿Quieres que te hunda? –oí cerca de mi oreja la voz y la respiración de Piótr Kuzmích.
-¿De qué forma?
-Agarro y te hundo. Sí. ¿Quieres? Je-je-je...
-Aquí no se puede reírse, Piótr Kuzmích. No olvide dónde se encuentra usted. Las sonrisas menos tienen lugar. Disculpe, pero yo supongo... Esto es una profanación, una falta de respeto, así decir...
-¿Quieres que te hunda?
-¿De qué forma? –pregunté.
-Y de ésta... Como me hundió a mí von Klausen hace cinco años... Je-je-je. Muy fácil... Agarro y pongo un ganchito cerca de tu apellido. Una rúbrica hago. Je-je-je. Tu firma la hago no respetable. ¿Quieres?
Yo palidecí. Realmente, mi vida estaba en manos de este hombre de nariz azulada. Miré con miedo y cierto respeto sus ojos malignos...
¡Cuán poco hace falta para borrar a un hombre!
-O mancho con tinta cerca de tu firma. Hago un borrón... ¿Quieres?
Sobrevino un silencio. Él con conciencia de su fuerza, majestuoso, orgulloso, con un veneno mortal en la mano; yo con conciencia de mi impotencia, lastimero, dispuesto a morir; ambos callábamos... Él clavó sus columbres en mi rostro pálido, yo evité su mirada...
-Yo bromeaba –dijo finalmente. –No temas.
-¡Oh, le agradezco! –dije y, lleno de gratitud, le estreché la mano.
-Bromeaba... Y a pesar de todo, puedo... Recuerda... Anda... Por ahora bromeaba... Y luego, lo que Dios quiera...

Título original: Perezhitoe, publicado por primera vez en la revista Zritiel, 1883, Nº 1, con la firma: “Antosha Chejonté”.
Imagen: Constantin Korovin, Portrait of Ivan Morozov, 1903.